(Un viaje iniciático por el Bierzo y Ancares)

«Si hija de mi amor mi muerte fuese, ¡qué parto tan dichoso que sería el de mi amor contra la vida mía! ¡Qué gloria que el morir de amar naciese!
Llevara yo en el alma, adonde fuese, el fuego en que me abraso, y guardaría su llama fiel con la ceniza fría, en el mismo sepulcro en que muriese.
De esotra parte de la muerte dura, vivirán en mi sombra mis cuidados, y más allá del Lethe mi memoria.
Triunfará del olvido tu hermosura; mi pura fe y ardiente, de los hados, y el no ser por amar, será mi gloria….»
(Amor impreso en el alma)
Francisco de Quevedo.

«Los sueños son pequeñas muertes tramoyas anticipos simulacros de muerte el despertar en cambio nos parece una resurrección y por las dudas olvidamos cuanto antes lo soñado a pesar de sus fuegos sus cavernas sus orgasmos sus glorias sus espantos los sueños son pequeñas muertes por eso cuando llega el despertar y de inmediato el sueño se hace olvido tal vez quiera decir que lo que ansiamos es olvidar la muerte apenas eso.»
(Pequeñas muertes)
Mario Benedetti.

«Qué buscas por el río entre los blancos álamos, oh, amor, oh, amor de manos de jacinto?
¿Qué buscas esta tarde de setiembre?
¿Qué agradable misterio halaga tus sentidos inefables?
En los cañaverales juega el viento desnudo como un niño en la orilla del río.
Las espinosas zarzas forman sombrías grutas goteantes de rocío. Yo persigo tu sombra invisible; vivo preso en tu aire; consumido en los salvajes arenales que el sol quema implacable.
Di, ¿qué buscas en las grutas espinosas a la orilla de los ríos?
Mientras sigo tus pasos, la tierra es para mí como un vapor de plata; los guijarros del cauce del arroyo me abrasan sin piedad los pies desnudos.
¿Cómo pasaste por aquí, cómo pasaste sin lastimar tus pies, oh, amor desnudo?.»
(Amor a orilla del río)
Ricardo Molina.

«No es el amor quien muere, somos nosotros mismos.
Inocencia primera abolida en deseo, olvido de sí mismo en otro olvido, ramas entrelazadas, ¿por qué vivir si desaparecéis un día?
Sólo vive quien mira siempre ante sí los ojos de su aurora, solo vive quien besa aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.
Fantasmas de la pena, a lo lejos, los otros, los que ese amor perdieron, como un recuerdo en sueños, recorriendo las tumbas otro vacío estrechan.
Por allá van y gimen, muertos en pie, vidas tras de la piedra, golpeando la impotencia, arañando la sombra con inútil ternura.
No, no es el amor quien muere.»
(No es el amor quien muere)
Luis Cernuda.

«Cuando tratamos de elegir algo por sí mismo, lo encontramos ligado a todo lo demás en el Universo.»
John Muir.

«El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.»
Marco Valerio Marcial.

«El corazón humano es un abismo en cuyo fondo yace un secreto indescifrable.»
Joseph Conrad.

«Eres un universo de universos y tu alma una fuente de canciones.»
Rubén Darío.